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viernes, 5 de abril de 2013

Deseos encontrados



Me asaltó una excitación inexplicable, no quería abrir mis ojos, por eso dejé que los parpados tomaran vida decidiendo por ellos mismos.
No anhelaban abrirse, se sentirían haraganes quizá, pero permanecían cerrados. “Aun no había despertado”...

Ni siquiera supe si estaba solo o acompañado. Aquella ola de océano puro y sabor a sal me invadió no queriendo hacer uso de mis sentidos, de pronto una ráfaga de deseo consumiéndose entre sábanas de seda me advertía que: la suave tela estaba acariciando mi parte mas erótica, imaginé una leve protuberancia sin poder definir si estaba o no, aunque el calor de mi piel en aquellas sábanas seguía avisando sobre la excitación en plena madrugada…
Abrí los ojos encontrándome con el techo blanco y un lámpara de cristal puro, poco a poco mis pupilas fueron tropezando con las paredes, que revestidas de color beige guardaban un retrato, un espejo y un clavo donde reposaba la bata de ella… Sonreí sin quererlo… Yo tan detallista, reverente de cosas finas y maniático de todo lo casi perfecto, recordé la tarde que clave esa bendita escarpia, fue por un enojo sostenido con mi Amante...

Ella solía regañarme por dejar mi albornoz tirado por cualquier rincón, nunca lo colgaba en aquel bronce laminado y esculpido pendiendo de la pared de nuestra habitación, enojado conmigo y con ella saqué lo salvaje de mi interior y con rabia tomé un clavo el martillo y en la pared contraria a sus pertenencias incrusté ese bendito clavo, desde entonces ella se adueño de él, alegando que era mas cómodo dejar allí descansar su bata. Creo que lo hizo por querer verme enfadado…

Comencé un viaje con la mirada por todo el resto de la alcoba, un sillón elegante pero rustico, ribeteado en sus ondas de un dorado casi violento, en contraste fatal con el rojo aterciopelado de su comodidad.
Que cosas tenia Aquella Mujer, tan fina pero a la vez tan brutal en la elección de cada mueble, debía ser auténtico, distinguido, pero en cada una de sus adquisiciones había algo netamente rustico, lo cual se hacia notar, así como las cortinas dueñas de una pincelada de armonía y locura en sus colores….
Mis ojos continuaron el viaje hasta detenerse en los barrotes que: erguidos y arrogantes salían de los pies de la cama, sonriendo recordé la noche, la primer noche… Cuando Mí Amante sostuvo entre sus manos aquellos barrotes salvajes, jugó con sus dedos en ellos, los acarició como si estuviera acariciando el mayor de mis deseos, me enloqueció de erotismo y sensualidad…

Ella solía hacer aquellas cosas, olía el momento justo. Cuando yo estaba acomodando mi corbata para salir, trataba de buscar mis ojos a través del espejo y los encontraba... ¡Sí!... Ahora que hago memoria siempre los encontró, ardientes, penetrantes y lujuriosos, tal cual eran los suyos, nunca tuve la fuerza de resistirme a su mirada, más sin embargo me rendía a sus deseos exigente y en ocasiones tiernos, pero esa no fue una noche tierna, se convirtió en una madrugada inolvidable... Sus manos apretaban los travesaños mientras su espalda me ofrecía su más honda tentación, arrodillado allí, justamente allí donde el mismo tiempo sentía envidia de mí…

Tuve miedo de perder mis manos en su cabello, temía que mi fuerza le causara daño, más sin pensarlo dos veces, mis dedos perdiéndose en su pelo la atrajeron hacia mi boca, boca que se abrió para morder su cuello y así lograr que de su garganta explotara un Gemido de placer, me encontré con su mirada ardiente a través del espejo, también con sus pechos vanidosos de ser vistos, pero no los toqué, sin apartar un segundo mis ojos de los suyos comencé cada movimiento avallasante de locura. No tuve dominio de mis propios deseos, en ese preciso instante olí su cabello enredado en mi mano y sentí cabalgar rumbo a las mismas estrellas...
Abandoné aquellas imágenes donde Mí Amante olvido el pudor cuando alcanzó el Clímax y con desesperación marcada mordió mi mano…
Con cautela dirigí la mirada al costado, sonreí despacio al verla ahí, recostada a mí lado, parecía un Ángel, una estrella durmiente sobre el lecho, apoyé mí cabeza en mí mano y acaricié su larga cabellera, quería contemplarla pero mis deseos parecían no oírme, solo anhelaban poseerla.

Sin quererlo bajé los ojos a sus pechos parcialmente cubiertos por una tela de seda azul, la cual en contraste con su piel clara me volvieron loco, suavemente mi mano caminó la ondules de su vientre hasta llegar a ese bosque de provocación continua, detuve mi mano pero no mis dedos que hambrientos de curiosidad siguieron buscando camino y sintiendo en las yemas, como se abría aquel lago de placer, recubrí sus pechos y no contuve mis deseos irracionales, mi lengua en conjunción con mi aliento bordearon su pezón cual erguido pedía ser acariciado, cuando mis dientes lo atraparon sentí movimiento involuntario en su cuerpo, sus manos acariciaron mi barba diciéndome sin abrir los ojos - ¿Julián…, aun no te has dormido? Solo respondí… - Shhhh… Pero mi hazaña continuó en busca de más placer, uno solo de mis dedos pudo acariciar el centro de su feminidad, logré verla arquearse aun dormida. Por esa razón con leve cuidado abrí sus piernas, en silencio y conteniendo la respiración me arrodille entre ellas y sin dejar de ser sensato, recorrí con mis labios su vientre hasta llegar a ese codiciado y pequeño diamante palpitando en su centro, fue fácil atraparlo en mi boca, acariciarlo con mi lengua y degustarlo sin pudor… Sentir sus uñas incrustadas en mi cabeza, tirando sin consideración de mi pelo…

 Experimentar eso tan pequeñito latiendo entre de mis labios, se volvió torturante y lujurioso, sentir su piel vibrando de pasión casi incontrolable me hizo seguir por más satisfacción, topándome con su esencia empapando mis labios, enloqueciendo los sentidos, esa humedad perdida en mi lengua me brindaba el deleite de succionar más y más… Pero a la puerta de un orgasmo, ella tiró de mi pelo diciéndome… - Ven… Por eso acerqué mi cuerpo erecto hasta el umbral del suyo, apoyé las manos en los fuertes barrotes y al momento de dejar caer mis parpados empujé hasta sentirme muy dentro de su interior, allí fue cuando sin mirarme levanto sus caderas para recibirme más.

Ella había estado sintiendo cada caricia, lo sé, sus piernas me enredaron y empujaron aun más a su interior. Mí Amante levantó sus manos para clavar sin consideración alguna sus uñas en mi espalda, un Gemido escapó de mi garganta al escuchar su exigencia de que la amara, pero con autoridad y ternura dije –No te muevas… Más yo no me quedé quieto, en cada envestida sentí la gloria y cuando ella se levantó de un solo movimiento sus caderas para entregarme su más arrogante y electrizante Clímax...

¿Qué puedo decir? Me sentí ancestral de mis ancestros, el aborigen salvaje y dueño absoluto de mi Mujer… Su aliento quemó mi boca, mis dientes mordieron su labio inferior y mis parpados se abrieron buscando los ojos de quien Amo… Mí Amante... Me sentí Rey y Señor, pero a pesar de las vidas que han pasado, aun no entiendo ¿Por qué yo, por que a mí me eligió?... ¿Por qué soy el dueño de su Amor...?

“Serás Mía en ésta vida…” 

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